Gosling: el montaje de un caso de eutanasia

La confesión, hecha por el periodista de la BBC Ray Gosling, de haber matado a un amante por compasión y con su acuerdo, parece un intento bastante artificial de provocar debate sobre la despenalización de la eutanasia y la cooperación al suicidio.
Fecha: 19 Febrero 2010

Fuente: Aceprensa

No se sabe quién era el fallecido, ni cuándo murió, ni dónde. Lo único cierto es que el periodista británico Ray Gosling confesó, en un programa televisivo de la BCC emitido el 15 de febrero, haber matado por compasión a un amante gravemente enfermo de sida, hace muchos años. También parece claro que publicarlo ahora es una provocación. Si la finalidad era suscitar reacciones a favor de legalizar la eutanasia o la cooperación al suicidio, ha tenido poco éxito.

Gosling es el presentador del programa. En el último capítulo, sobre actitudes ante la muerte, hace su revelación mientras camina por un cementerio. Según dice, su compañero, aquejado de sida, estaba desahuciado y padecía fuertes dolores. En cumplimiento de la voluntad del enfermo, Gosling le dio muerte asfixiándole con una almohada. El pacto incluía no revelar la identidad del difunto ni el tiempo y lugar de los hechos.

La ley que prohíbe la cooperación al suicidio está para proteger a los vulnerables, dice la organización Care Not Killing

El día 17, la policía llamó a declarar a Gosling, que no quiso revelar nada más. Ahora el fiscal tendrá que decidir si lo acusa de homicidio. Pero son tan escasos los indicios, que apenas hay base para procesarle. De momento, ha quedado en libertad provisional mientras la policía sigue investigando.

Gosling, de 70 años, es un veterano activista gay. Se sabía que cuidó de su compañero de muchos años, Bryn Allsopp, durante la última enfermedad de este: un cáncer de páncreas del que murió en 1999. Quién pudo ser el otro, a quien dice Gosling que mató, nadie sabe.

Pese a haber alegado motivos humanitarios, Gosling no parece haber ayudado a la causa del llamado suicidio asistido. La asfixia no se corresponde con la idea de “muerte digna” que tiene la gente en general. La organización Dignity in Dying, promotora de la despenalización, que en otras ocasiones ha apoyado las demandas de personas deseosas de poner fin a su vida con cooperación de familiares o médicos, esta vez ha preferido mantener la distancia con Gosling.

 

 

 

Su portavoz, James Harris, ha dicho que solo sería un caso de cooperación al suicidio si Gosling hubiera ayudado indirectamente a la muerte de la persona en cuestión y a petición de ella. “Si tomó medidas directas para poner fin a la vida de la otra persona, eso caería bajo la categoría de homicidio”.

Otras reacciones han sido claramente críticas, siempre en modo hipotético, pues no se sabe seguro qué pasó. La organización Care Not Killing, que promueve los cuidados paliativos y argumenta contra la eutanasia y la cooperación al suicidio, ha subrayado que el relato de Gosling no da motivo para legalizar tales conductas, sino para extender el acceso al tratamiento del dolor a todos los enfermos que lo necesitan.

Para proteger a los vulnerables

Así, dice Gosling que actuó para poner fin al sufrimiento de su amigo enfermo; pero no está claro –señala el comunicado de Care Not Killing– “por qué aquel hombre padecía dolores ni por qué no recibía mejor tratamiento contra el dolor”. Sería lamentable, añade, que “este caso contribuyera a la extendida pero falsa creencia de que en algunos casos es inevitable que una personas muera en medio de dolores insufribles”.

Por tanto, no hay razón para admitir excepciones a la prohibición de la eutanasia y la cooperación al suicidio. “Hay personas dispuestas a matar por motivos de toda clase: para heredar, para librarse de la carga, también emocional, que supone cuidar a otro, o –alguna vez– por lo que quizá ellos consideren razones humanitarias. La ley establece una prohibición general de todos los actos de cooperación al suicidio y eutanasia, a la vez que da un margen de discrecionalidad al fiscal para acusar o no, y al juez para dictar sentencia”.

El comunicado pone una comparación: “Hay quien roba porque él o su familia pasa hambre. Pero nadie dice que la ley debería permitir por principio el robo en caso de grave necesidad. La ley, sabiamente, prohíbe robar y después, cuando se ha producido un robo, considera las circunstancias para determinar cuál es el mejor modo de tratar cada caso”.

Admitir una excepción bajo estrictas condiciones tal vez funcionaría en un mundo ideal, en que solo optaran por el suicidio personas plenamente libres y conscientes. Pero en la situación real todas las garantías que previese una ley permisiva no bastarían para asegurar la protección de personas vulnerables, condicionadas por el dolor, la depresión o el sentimiento de ser una carga. Contra todo eso se dispone actualmente de eficaz alivio en los cuidados paliativos.

Por eso, sostiene el comunicado, “hoy en día, la demanda de que se legalice la ‘ayuda a morir’ tiene menos que ver con las penalidades propias de la enfermedad que con la difusión de la ideología de la opción individual. Pero hay que poner límites a la opción individual. Precisamente por eso tenemos leyes, entre ellas leyes sobre el homicidio, por razones de seguridad pública: para proteger a los vulnerables, no para dar libertades a los fuertes”.

 

 

Finalmente, el comunicado critica a la BBC por haber emitido el programa, grabado hace más de dos meses, justo antes de que el fiscal general haga públicas sus nuevos criterios para decidir si acusa o no en caso de cooperación al suicidio. Esto, dice Care Not Killing, hace temer que la BBC no sea imparcial en el tratamiento del asunto o incluso “intente presionar al fiscal y al Parlamento dedicando una atención desporporcionada a casos emotivos en los que se presentan los hechos de modo sesgado a una audiencia mal informada”.