El mito de la superpoblación

EL MITO DE LA SUPERPOBLACION

¿Una «Bomba» Poblacional?

Los Maltusianos y ecologistas nos han vendido el control de población como algo necesario y urgente… nos han hecho creer que somos demasiados en el mundo y que los países, especialmente los más pobres, deben imponer drásticas políticas de reducción de la tasa de natalidad, o muy pronto, todos moriremos por falta de recursos o porque, siendo demasiados, contaminaremos nuestro planetas hasta hacerlo insostenible.

A no pocos católicos les han «vendido» la historia de que somos muchos y de que la Iglesia es «retrógrada» por oponerse al control de la natalidad. Algunos, incluso han terminado diciendo «soy católico… pero estoy de acuerdo con el control de la natalidad».

Pero ¡Alto!

¿Realmente es necesario el control de la natalidad?

¿Nos estamos quedando sin alimentos?

¿Nos estamos quedando sin espacio?

¿Las naciones pobres son pobres porque tienen mucha gente?

Aquí tenemos algunas respuestas a los mitos de la superpoblación

El Nacimiento de un Mito

El Mito del control poblacional no surgió de la nada ni tampoco es una idea moderna basada en datos científicos. Es un mito creado por el economista inglés Robert Thomas Malthus (1766-1834). Malthus aplicaba un aumento aritmético a las subsistencias y uno geométrico a la población, adoptando para sus proyecciones periodos de 25 años cada uno. Malthus aplicó esta hipótesis a su nativa Inglaterra: Así, en los primeros 25 años, población y abastecimiento resultan iguales, porque ambos se doblan. En el siguiente periodo la población llegaría a los 28 millones pero con un abastecimiento adecuado sólo para 21 millones. Al término del cuarto periodo (que Malthus señala como 1898), la población llegaría a 112 millones, en tanto los abastecimientos alcanzarían tan sólo para 35, quedando 77 millones de seres totalmente privados de alimentos.
¿Y que pasó? Bueno… cualquiera sabe que el país de Malthus -no uno sino casi dos siglos después- cuenta con poco menos de 58 millones de habitantes y supera en 32 puntos el nivel mínimo de necesidades calóricas per capita.

La ley de Malthus y su cálculo, simplemente carecen de respaldo en los hechos; constituyen un error intelectual, típico del cientismo del siglo XIX: atribuir a los hechos sociales complejos las características de la materia física y de variables y elementos de número manejables.

Todo no pasaría de la anécdota si no fuera porque muchos y poderosos personajes hacen que el cálculo maltusiano siga teniendo vigencia y que se invoque para justificar las políticas coercitivas y la cuantiosa inversión publicitaria hecha con recursos públicos.

Desmintiendo Mito por Mito

«Se acaban los recursos»

Instituciones como la Conferencia de las Naciones Unidas para la Conservación de los Recursos llegó ha predecir que para 1975 -es decir, muchos años atrás – se habrían agotado las reservas de plomo, cromo, zinc y cobre del mundo.

Los alimentos y otros recursos naturales, para 1980, no alcanzarían para satisfacer las demandas del mundo entero y el poco que quedaría se vendería a precios exorbitantes.

La Verdad:

– El precio de todos los metales y minerales, incluyendo el petróleo, han registrado un decrecimiento sostenido. Los metales no sólo no escacean, sino que hoy se venden más baratos que en 1968 o 1975. En el CUADRO 1 puede observarse cómo las reservas de los principales productos minerales en 1970 se habían incrementado y bajado de precio respecto de 1950.

CUADRO 1

– Más población es alimentada en el mundo actualmente que hace 20 años y los alimentos, en general bajan de precio. ¿La razón? que la tierra cultivable por habitante, en vez de reducirse se ha incrementado en los últimos años, incluso en aquellas naciones que pueden considerarse «superpobladas», tal como puede observarse en el CUADRO 2. ¿Cuál es la razón? el empleo de mayor y mejor tecnología en el mundo agropecuario ha mejorado la producción de productos agrícolas y de crianza. Está demostrado que el hambre no es producto de la falta de alimentos o el exceso de población, sino de pésimas políticas gubernamentales o la injusta distribución de la riqueza. En efecto, el alimento que se arroja al mar en Europa para mantener precios competitivos en el mercado podría dar de comer a dos tercios de la población hambrienta del mundo.

CUADRO 2

– Julián L. Simón y Hernan Kahn,autores del libro The Resourceful Earth, sostienen que la reducción del precio y el incremento de los recursos básicos se debe a que «los mecanismos usados por el hombre, que nos conducen a la noción del límite, no son aplicables a los recursos. Deberíamos pensar, más bien, en eso que hemos llamado la mentalización del trabajo (es decir la aplicación de la mente humana en la tarea de multiplicar las subsistencias al ritmo de las necesidades) para explicarnos por qué, cada cierto tiempo regular, superamos los límites que anteriormente parecían infranqueables». En otras palabras, cuando los recursos parecen acabarse, la inteligencia humana encuentra nuevos medios para sobreponerse a la escasez.

«Aunque hayan recursos, nos estamos quedando sin espacio físico porque somos muchos»

La Verdad

La realidad es que la tierra está subpoblada y con una población distribuida de manera irregular. Un dato fundamental: Si se juntara toda la población del mundo en una ciudad como Nueva York, es decir, con una razonable zona industrial, áreas verdes, oficinas y residencias, la ciudad con toda la población del mundo entraría completa en el estado norteamericano de Texas y se alimentaría con un terreno cultivado equivalente a la India. ¡El resto del planeta estaría totalmente vacío!

Por otro lado, las regiones más pobladas no son las más pobres: la densidad poblacional del mundo se encuentra en zonas como Hong Kong, Taipei, Tokio y Manhattan, todas ellas con niveles de vida altamente superiores al standard. Lo curioso es que estas ciudades no decrecen justamente porque la gente no quiere irse, sino más bien mudarse allí. La razón: la concentración de población concentra también servicios y, por tanto, incrementa el bienestar. El caso caótico de otras ciudades como Calcuta se debe más a un problema de administración y organización que a la mucha población.

«Los países pobres son pobres porque tienen demasiada población»

La Verdad

No hay vinculación entre pobreza y población, contra lo que sostiene el mito malthusiano. El especialista de la Unión Internacional para el Estudio Científico de la Población, Ronald D. Lee sostiene que «docenas de estudios, comenzando por el de Kuznets (1967) han establecido la no asociación entre la tasa de crecimiento de la población y el crecimiento de la tasa de ingreso per capita».

El CUADRO 3 a continuación es el fruto de una larga investigación realizada en varios países con el fin de establecer la relación entre el crecimiento poblacional y el Producto Nacional Bruto (PNB) -el índice que habla de la riqueza o pobreza de una nación-. En el cuadro pueden verse puntos distribuídos desordenadamente en un campo. ¿Qué significa esto? Que no ha sido posible demostrar la existencia de un patrón que relacione más población con menos riqueza o menos población con más riqueza: algunos países empobrecían con el crecimiento poblacional, otros se enriquecían. La riqueza o pobreza, por tanto, depende de otros factores no relacionados con el de la población.

CUADRO 3

Finalmente, la no relación entre población y riqueza de una nación es demostrable empíricamente, mirando un mapa: naciones «superpobladas» como Taiwan, Japón, Corea, tienen una densidad poblacional entre 150 y 200 veces mayor que la de Somalia, y el ingreso per cápita es entre 200 y 500 veces superior.

 

«Las naciones pobres necesitan reducir su población por lo menos temporalmente para salir del subdesarrollo porque ‘una torta se reparte mejor entre menos invitados a la mesa’ »

La Verdad

Este argumento ha sido uno de los más seductores para las naciones subdesarrolladas, especialmente en América Latina. Sin embargo, las estadísticas demuestran que, áun si fuera necesario controlar la población, esto es imposible. Los casos de Inglaterra, Suecia, Estados Unidos y China demuestran dos cosas: que la conducta reproductiva de los seres humanos no es controlable ni siquiera por medios represivos, y que las variables que operan son absolutamente imprevisibles. China es ejemplo de lo primero: a pesar de las amenazas de castigos, la población sigue creciendo a un ritmo razonable, digamos «autorregulado». De lo segundo son las proyecciones de Suecia en 1935, cuando la población era de 5.1 millones, se pensaba que la población llegaría a 6.1 millones en 1990. Suecia llegó a los 8.3 millones. Con Inglaterra pasó exactamente lo contrario: las proyecciones auspiciaban un crecimiento poblacional del 30 por ciento en 20 años, cuando la población creció en apenas 5%, poniendo en peligro la tasa de reposición generacional.

Pero la realidad es que no es necesario controlar la población. Todo país necesita una tasa de reposición mínima de entre el 2.2% y el 2.3% de crecimiento poblacional con el fin de evitar que la población anciana sea superior a la población joven. Una tasa de reposición mayor al 2.3% no implica ningún problema, pero sí lo contrario: un número menor de jóvenes estará manteniendo a una población cada vez mayor de ancianos: lo que ya está sucediendo en Europa y para lo cual se están dictando paradójicas leyes para promover la natalidad «hacia dentro»… con la misma pasión con que promueven el antinatalismo para los países pobres. Si las proyecciones son correctas, en América Latina, la actual tasa de crecimiento poblacional, proyectada al año 2025, nos llevará a tener una proporción jóvenes-ancianos equilibrada y bien distribuida, tal como puede apreciarse en el CUADRO 4, donde se compara el árbol poblacional de 1980 con el proyectado para el futuro.

La conclusión de dicho gráfico es que actualmente América Latina NO necesita reducir en nada su tasa poblacional, de lo contrario estaría hipotecando su futuro.

CUADRO 4

Recopilación resumida basada en el artículo aparecido en ACI Prensa 2007